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jueves, 17 de enero de 2008

+ LOS 10 MANDAMIENTOS +

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Los Mandamientos de Dios
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Dios nos manda observar, como condición indispensable para salvarnos, diez Mandamientos o preceptos, que entre nosotros se enuncian así:
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1° No tendrás otro Dios más que a Mi. (Manda la práctica de de la religión, y prohíbe la superstición, la idolatría, la incredulidad, etc.).
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a) adorar a Dios y a Él solo, con suma reverencia, por ser infinitamente excelente y ser Señor nuestro y depender de Él en todo. Esta adoración se cumple dándole a Dios el debido culto que de ser interno, externo, privado y público.
Dicho culto se cumple principalmente asistiendo a Misa, recibiendo los sacramentos, y tomando parte en los actos litúrgicos.
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b) Creer en Dios, es decir, en todo aquello que Él nos ha revelado y la Iglesia católica nos enseña con obligación de creer. Creer no es facultativo para el hombre sino obligatorio, necesario, y la fe debe defendérsela contra todos los peligros y cultivársela continuamente. Lo que más acrecienta la fe, además de la práctica religiosa inteligente, es la lectura de los buenos libros, y lo que más la compromete es la lectura de la mala información y la vida licenciosa.
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c) Esperar en Dios, en sus promesas, en sus auxilios tanto espirituales como materiales, en su providencia, en su perdón, en su misericordia, y esperar con ciega confianza. Dios todo lo puede y, como es infinitamente bueno, siendo para nuestro bien nada nos niega.
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El primer mandamiento prohíbe a todos:
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a) la superstición, bajo todas sus formas, (idolatría, vana observancia, adivinación, magia, maleficio, etc) el hipnotismo, el ocultismo y el espiritismo.
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b) la herejía y el trato cultual con los herejes, el sacrilegio y toda especie de profanación de personas, lugares, libros o cosas relativas a la religión.
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c) lectura de toda información que atacan o ridiculizan la religión o están condenados por ella.
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d) la desesperación de conseguir la salvación, y , por el contrario la presunción de poder salvarse sin hacer lo que Dios manda o sin su gracia.
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2°No tomar el santo nombre de Dios en vano. (Prohíbe los juramentos falsos, las blasfemias, las irreverencias, los votos ilícitos)


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Este segundo mandamiento nos manda no usar el Nombre de Dios sin respeto, con desprecio y burla. Se puede faltar a él, principalmente, de tres maneras: jurando, blasfemando, o haciendo votos y no cumplirlos.
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a) Juramento. Jurar es invocar a Dios poniéndolo por testigo de alguna cosa, sea para asegurarla con más fuerza (juramente asertorio), o sea para prometerla con más encarecimiento (juramente promisorio). En todo caso, para que haya, verdadero juramento tiene que ver intención de jurar y usar alguna fórmula jaculatoria o considerada como tal. Para que el juramento sea lícito hay que decir la verdad, no prometer ni asegurar con él nada malo, y jurar obligado por la necesidad o por razón de gran utilidad. El juramente, si es promisorio, obliga la conciencia.
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b) Blasfemia, es cualquier palabra o expresión injuriosa contra Dios o sus santos o contra sus cosas o personas sagradas. Aunque a muchos no les paresca la blasfemia formal y deliberada es pecado mortal, por ir directamente contra Dios o las cosas más queridas de Dios.
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c) Voto es una promesa deliberada y libre, hecha a Dios, de alguna cosa buena, posible y mejor que su contraria. Para que haya voto, no basta prometer una cosa, sino que es necesario quererse obligar con voto a hacerla. El voto verdadero obliga en conciencia, y obliga bajo pecado grave si la materia es grave y la intención de obligarse ha sido bajo grave, y bajo pecado leve en los demás casos.
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Las principales clases de votos son: privado o público, simple o solemne, reservado o no reservado, temporal o perpetuo, absoluto o condicionado.
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Para interpretar el alcance y obligatoriedad de un voto hay que atender a la intención de votante y, en caso de duda, a lo más racional, y en todo caso someterlo a la autoridad competente.
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Un voto puede cesar de obligar: o porque no tienen ya razón de ser, por alguna circunstancia; o por invalidación o anulación del mismo, hecha por la autoridad competente, o por dispensa legítima, o por conmutación en otra obra mejor, igual o menos buena, por quien tiene autoridad para ello.
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3° Acuérdate de santificar las fiestas (obliga a asistír la Misa entera los domingos y fiestas de preceptos eclesiástico, y a no trabajar esos días)
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a) Obligación de oír misa. Todos los files que tienen uso de razón y han llegado a los 7 años, están obligados bajo pena de pecado mortal a asistir todos los domingos y fiestas de precepto al santa sacrificio de la Misa. Así lo ha dispuesto la Iglesia, por ser la Misa el acto de religión mas excelente y necesario, y porque resume todos los deberes religiosos del individuo y de la sociedad cristiana.
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Para oír convenientemente la Misa se requieren tres cosas: 1° estar presente corporalmente en ella, formando como un conjunto moral y hasta físico con sus asistentes, de suerte de suerte que perciba los movimientos y siga el desarrollo de la ceremonia; 2° oírla entera, es decir, desde el principio hasta el fin, y si no le puede oír entera, asistir por lo menos a la Consagración y a la Comunión, 3° oírla con atención, aplicando el entendimiento a lo que se hace en el altar, sobre todo en las partes más importantes de la Misa.
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b) Obligación de oír la Misa: aunque la obligación de oír Misa los domingos y las fiestas de precepto es un deber grave, hay causas que eximen ese deber, como son:
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1° la impotencia física o moral (como por ejemplo: una enfermedad grave o de cierta importancia, la convalecencia, la distancia de la Iglesia, un viaje impostergable, las madres y nodrizas que tiene que cuidar niños, un luto fuerte muy reciente, un peligro físico o moral.)
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2° la caridad (los que cuidan niños, los que con su presencia en una Iglesia pueden provocar escándalo o pecado, los que cumplen alguna obra de misericordia.)
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3° el deber (los que trabajan en ocupaciones incompatibles, los solados de guardia, los criados que deben cuidar la casa, etc. aunque estos son impedidos deben asistir a Misa de vez en cuando.) .
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c) descanso dominical. El tercer mandamiento de la Ley de Dios, además de obligar a oír la Misa entera, prohíbe trabajar los domingos y fiestas de precepto eclesiástico. Esta prohibición la impone el mismo Dios a favor del hombre, para que descanse físicamente y no se agote y para que se cultive espiritualmente atendiendo a las necesidades de su alma.
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Los trabajos prohibidos son:
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1° los llamados serviles ( que son los de obreros y jornaleros, los mecánicos y los rurales)
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2° los forenses (que son los trabajos de los tribunales y escrituraciones)
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3° los civiles (que son propiamente los comerciales, aunque muchos de ellos están ya admitidos por la costumbre). Estos trabajos sin embargo pueden hacerse sin pecar: por razón grave de caridad, de piedad, de necesidad o bien público, por legítima costumbre, o con autorizada dispensa. Para pecar gravemente en esto se necesita materia grave, es decir, trabajar por espacio de más de dos horas.
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4° Honrar al padre y a la madre (Obliga a obedecer, respetar, socorrer, amar, etc. a los padres y superiores e impone obligaciones reciprocas a los padres y superiores para con sus hijos y subordinados.)
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Este Mandamiento se refiere a las obligaciones de los hijos con los padres y de los padres para con los hijos, y a las obligaciones de los inferiores y criados para con sus superiores y amos, y viceversa.
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1° Los hijos, deben a sus padres: respeto (reconociéndolos como superiores suyos y tratándolos con consideración y reverencia, no hablándoles con arrogancia, no injuriándolos, no tomándose con ellos libertades ni despreciándolos por ningún motivo; amor (un amor sincero, íntimo, manifiesto exteriormente, sin desearles mal alguno, ni maltratándolos de obra o palabra, sin desearles mal alguno) ; obediencia (sincera y consiente, pronta y gustosa, y generalmente en todo lo bueno y razonable); asistencia (en las necesidades materiales y espirituales, enfermedades, pobreza, vejes, etc. procurándoles los Sacramentos al morir y rezando y ofreciendo sufragios por ellos después de muertos).
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2° Los padre deben a sus hijos: amor (un amor sobrenatural y santo, libre de egoísmo, sincero y sacrificado, sin debilidades y claudicaciones, sin preferencias notables e irritantes) educación (física, atendiendo a las necesidades del cuerpo, pero sin mimos ni melindres; intelectual, proporcionándoles los medios para una carrera, si está a su alcance, o para una instrucción conveniente y cristiana que los habilite y prepare para la vida); moral, (a base de formación religiosa, de corrección oportuna, de preservación de los peligros); buen ejemplo, ( en casa y fuera de casa, en el hablar y en el obrar, y muy principalmente en el cumplimiento de los deberes de un buen cristiano); corrección continua (unida a una continua vigilancia, prudencia y oportuna, sin debilidades ni asperezas, antes de la falta para preservarlos de la caída, y después de la falta para curarlos). No son verdaderos y ejemplares padres los que no tienen en cuenta estos sagrados deberes para con sus hijos.
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3° Los inferiores (discípulos, criados, ciudadanos, súbditos, fieles cristianos) deben: a sus maestros: obediencia, respeto y agradecimiento, por el bien que les hacen y porque representan a la escuela a sus padres, a sus amos y patronos, obediencia, respeto, fidelidad en el trabajo, interés por sus bienes; a sus Jefes de Estado y representantes legítimos de los mismos: obediencia, respeto, cumplimiento de las leyes justas, contribución en los gastos e impuestos justos, amor a la Patria y servicio a la misma; a la Iglesia: obediencia amorosa, respeto a todo lo que dispone, y a sus ministros, asistencia a sus necesidades, cooperación a sus obras, interés por su progreso espiritual y temporal.
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4° Los superiores (maestros, amos y patronos, mandatarios y ministros sagrados) deben a sus discípulos: amor casto, instrucción esmerada, corrección justa y oportuna y buen ejemplo,; a sus criados, salario justo y puntual, corrección oportuna, vigilancia discreta, amor casi paternal, cuidado en sus enfermedades y conveniente sustento, si son criados domésticos; a los ciudadanos y súbditos: interés desinteresado tanto por el bien material como el espiritual, legislación justa, buen ejemplo, corrección oportuna y sin claudicaciones, justicia y estímulos; a sus fieles e hijos espirituales: instrucción religiosa adecuada de palabra y por escrito, buenos consejos, corrección caritativa y enérgica, administración de los sacramentos, visita a los enfermos, asistencia aún material cuando es posible, dirección espiritual.
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5° Entre las obligaciones de estado, las principales son las que se deben mutuamente entre sí los cónyuges a saber: amor y apoyo mutuos, mutua ayuda y condescendencia, fidelidad mutua, tolerancia mutua, cohabitación mutua, débito conyugal mutuo y lícito. El marido es el jefe natural de la familia y él más responsable de la misma, y a él le deben la esposa y los hijos obediencia, respeto y acatamiento en todo lo bueno y lo justo; y él, a su vez tiene obligación de trabajar para el hogar, dar a todos buen empleo, amarlos paternalmente y ampararlos. La mujer comparte la responsabilidad y la autoridad con el marido, vigila toda la marcha de la casa, responde de la moralidad de los habitantes y del cumplimiento de las leyes eclesiásticas, debe ser hacendosa, ahorradora, casera, dulce.
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5° No matar (Prohíbe el homicidio y el suicidio y toda forma de herir o mutilar el cuerpo propio o ajeno, prohíbe el odio y el rencor, las riñas y los escándalos, etc.)
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El 5° presenta un doble aspecto: pues manda conservar y respetar la propia vida por los medios lícitos ordinarios, y no perjudicar la ajena, ora la corporal por el homicidio o actos que conducen a él, ora la espiritual por el escándalo o con afectos de odio o aversión. La conservación de la vida propia se nos impone, porque no somos dueños de ella sino simples administradores; y así no es lícito abusar de la salud, con el excesivo comer y beber, o con el uso de alcaloides, ni exponer sin causa grave la vida y mucho menos quitársela por medio del suicidio, o mutilarse algún miembro por capricho o desesperación. Asimismo prohíbe el homicidio, en todas sus formas (asesinato, regicidio, parricidio, uxoricidio, infanticidio, aborto procurado); el duelo, contra el que existen penas severas; y aún desear la muerte, reñir encarnizadamente, odiar, insultar, injuriar, increpar, etc.
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6° No fornicar (Prohíbe cualquier pecado deshonesto externo, o sea, de obra, con uno mismo o con otro, lecturas, información y diversiones torpes, etc)
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En el 6° mandamiento se prohíbe todo acto externo de lujuria o impureza, y se manda la castidad, en pensamientos, palabras y obras. La lujuria es el apetito desordenado de deleites carnales, vicio horrible que conduce al infierno y a menudo a la ruina de la salud y a innumerables pecados mortales. Los pecados deshonestos o de impureza pueden ser de pensamiento, de deseo y de obra, con uno mismo o con otra persona, variando la especie de pecado y su gravedad según la clase de persona; variando la especie de pecado y su gravedad según la clase de persona que sea la cómplice en el pecado. Formas diversas de pecar contra la castidad o de inducir a otros al pecado impuro, son los vestidos inmodestos, los bailes lascivos, los espectáculos provocativos, la promiscuidad peligrosa de sexo, los baños mixtos, las entrevistas solitarias de los novios, los galanteos, las lecturas obscenas, las cartas amorosas, etc. Este mandamiento permanece aún dentro del matrimonio, cuando no guardan la conveniente continencia y conformidad con la naturaleza.
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7° No hurtar (prohíbe el robo, el fraude, los negocios usurarios, el daño de los bienes ajenos, etc. y obliga a la restitución)
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En el 7° Mandamiento se prohíbe todo acto externo e injusto que perjudique al prójimo en sus bienes materiales: el robo, el hurto, el fraude, la usura y la retención de lo ajeno contra la voluntad razonable de su dueño; sea que todo eso lo haga uno mismo, sea que coopere a que otro lo haga, o no lo impida pudiendo y debiendo hacerlo.
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8° No levantar falso testimonio ni mentir. (Condena las criticas, calumnias, juicios temerarios, falsas acusaciones y mentiras, etc. y obliga a restituir la fama quitada.)
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El 8° Mandamiento prohíbe los falsos testimonios, tanto en juicio como fuera de juicio, y todo cuanto puede perjudicar la fama y el honor del prójimo, como son: la mentira, la murmuración, el perjurio, la violación del secreto, la detracción, el juicio temerario, la calumnia, la adulación, etc.
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En general, manda a decir siempre y a todo trance la verdad y proceder en todo con sinceridad y con caridad. Cuando alguien se le ha quitado o menoscabado la fama, injustamente, el detractor está obligado a restituírsela y a reparar los daños ocasionados. Lo propio debe hacer el calumniador, y aún con mayor motivo que el detractor. En este mismo precepto entra también el perdón de las injurias y el no devolver mal por mal. Por lo mismo que este mandamiento encierra tantas obligaciones y abarca tantos aspectos de la vida de relación, es uno de los más violados y, desgraciadamente, es quizás en el que menos repara la gente. Por eso son tantos y de consecuencias tan graves los pecados de la lengua.
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9° No desear la mujer de tu prójimo. (Prohíbe cualquier pecado deshonesto interno, como las delectaciones y deseos impuros)
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El 9° Mandamiento condena los pecados internos de impureza (pensamientos, deseos, delectaciones), que son más o menos graves según sea mayor la advertencia que se tiene y el consentimiento que se les otorga. Este mandamiento permanece aún dentro del matrimonio, cuando no guardan la conveniente continencia y conformidad con la naturaleza.
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10° No codiciar los bienes ajenos (Condena las ansias de apoderarse de los bienes de los otros o de menoscabarlos).
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En el 10° Mandamiento se prohíbe el deseo de apropiarse de los bienes ajenos, o de perjudicar al prójimo en sus bienes, por medios injustos; pero no el deseo de tener lo que otro tiene por medios legítimos. El robo o perjuicio marital contra el prójimo no siempre es pecado grave; la gravedad depende de la importancia de la materia. Para apreciar la gravedad hay que atender al valor real y actual de la cosa o dinero, a la persona perjudicada y al modo de hacer el perjuicio. El pecado de hurto tiene de particular que, aunque se confiese y perdone, obliga la restitución de todo lo robado, a su dueño, o a reparar los daños que se hayan hecho. Esta restitución es necesaria para la salvación, y es deber grave o leve, según la materia y el perjuicio causado.
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Los tres primeros Mandamientos se refieren a Dios y los siete restantes al hombre, aquellos miran al honor de Dios y estos a la dignidad humana.
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Alcance de los Mandamientos
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Los mandamientos de la Ley de Dios, por lo mismo que son de Dios y dados por el al género humano:
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* Son para todos los hombres, para todos los pueblos, para todas las personas, para todas las razas, para todas las edades y para todas las circunstancias.
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* Comprenden los deberes del hombre: religiosos, políticos y civiles.
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* Son perpetuos y, por siguiente, no se han mudado nunca ni se mudaran.
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* Son posibles de cumplir, pues Dios no manda nada imposible.
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* Son necesarios para salvarse, pues tal es la voluntad de Dios.
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* Son necesarios todos y cada uno de los diez.
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* Son fuente de dicha y de paz y el único medio para vivir tranquilos.
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* Son imprescindibles para la seguridad individual y social y para el buen orden de las familias y de los pueblos.
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La Biblia promete consuelos sin fin para los fieles guardadores de su sabiduria y amenaza con terribles castigos, en este mundo y en el otro, a los que la menosprecian.
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El material fue transcripto de los puntos doctrinales del Misal Diario de 1956 para América impreso por el Abab Benedictino de Buenos Aires, Don Andrés Azcarate, en continuación del post pasado.
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Pax et Bonum,
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+ Clara de Asís +
felisa@juventutem.com.ar
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