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martes, 15 de abril de 2014

Una monja argentina relata en primera persona la tragedia de Siria

 

 

 

Villa Mercedes (San Luis) (AICA): La hermana María de Guadalupe -en el siglo, Ximena Rodrigo-, regresó a su ciudad natal, Villa Mercedes, luego de permanecer por dos años en la ciudad de Alepo, en Siria, acompañando la tarea pastoral encomendada a sacerdotes y religiosas del Instituto del Verbo Encarnado (IVE). La religiosa, de 41 años, brindó su testimonio de fe en el difícil contexto que los cristianos deben soportar en Medio Oriente, la actuación pastoral de su congregación y el papel de la Iglesia por la paz en la región.

La hermana María de Guadalupe –en el siglo, Ximena Rodrigo-, regresó a su ciudad natal, Villa Mercedes, en San Luis, luego de permanecer por dos años en la ciudad de Alepo, en Siria, acompañando la tarea pastoral encomendada a sacerdotes y religiosas del Instituto del Verbo Encarnado (IVE).
La hermana Guadalupe volvió a Villa Mercedes, y de paso, brindó una charla en la Escuela Normal Juan Llerena, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. La religiosa, de 41 años, pasó por los estudios de Radio Acuarela, una emisora local, y ofreció su testimonio de fe en el difícil contexto que los cristianos deben soportar en Medio Oriente.
La religiosa contó que la situación en la ciudad donde estaba destinada, Alepo, era “de calma, de tranquilidad y de convivencia” hasta que se desató la guerra. Afirmó que la situación política es “muy compleja”, e involucra a actores políticos, económicos… y también religiosos. La posición geográfica de Siria, entre el Medio Oriente y el Asia Menor, sus recursos naturales y otras bondades despertaron la codicia de agentes económicos que actuaron, dice, sin atender la situación de la población.

La situación en Siria

“Esta guerra se desata como un levantamiento de algunos sectores del ejército contra Bashar Al-Assad y su dinastía, que lleva más de 40 años como dictadura. Pero esto rápidamente degeneró en otras cosas: facciones del Islam fundamentalista aprovecharon la situación para derribar al gobierno. Lo que comenzó como un levantamiento popular terminó ahora siendo otra cosa”.
“Los que están luchando contra el gobierno ahora son grupos fundamentalistas extranjeros. Son mercenarios sanguinarios que están masacrando al pueblo. Quieren desestabilizar y que el gobierno deba dejar. Este gobierno, por más que sea musulmán, pertenece a la secta de los alauitas, que son de los más moderados”, contó la religiosa, para quien la tolerancia religiosa del actual gobierno es un motivo de conflicto y atenta contra el proyecto de la “gran nación islámica”.
“Quienes están alentando a estas facciones islámicas, aunque tengan otros intereses, son las grandes potencias; entre ellas, Estados Unidos”, denunció la hermana.

La actuación del IVE

La hermana Guadalupe relató que el IVE llegó a Siria convocado por el obispo latino, quien años atrás anunció la construcción de la catedral y una residencia universitaria. La congregación argentina ofreció sacerdotes y hermanas para la atención pastoral de ambas realidades. Allí atendían como en una parroquia de cualquier ciudad, hasta la actual situación.
“Hemos vivido por dos años en sitio, con situaciones terribles, como falta de agua, de electricidad o combustible. Sin embargo, hay gente que no deja de venir: muchos mayores caminan cerca de 45 minutos para venir a misa, con el riesgo que eso conlleva, porque ¡estamos en guerra! El bombardeo es permanente…”
La religiosa contó que, a pesar de las condiciones, la acción religiosa continúa, y en cierta manera, aumentó. Las actividades en invierno, por ejemplo, deben concluir antes de las 17 para que las personas regresen a sus hogares con la luz del día y no ser asaltadoa.

El papel de la Iglesia

Por su parte, el obispo católico, monseñor Antoine Audo, intenta mantenerse al margen de la discusión política. Aunque eso no impide tener postura sobre el tema: “No se está combatiendo por el pueblo, sino contra el pueblo: ellos atacan directamente los barrios cristianos. Hablamos de barrios civiles, muy populares… la gente está tratando de sobrevivir. Los terroristas atacan directamente al cristianismo”.
La monja contó que en Navidad y Año Nuevo amenazaron a los cristianos con hacerles llover misiles pintados de rojo, como obsequio de Papá Noel. “Llovían los misiles sobre nuestras casas”, expresó. Dijo también que es posible que haya cerca de 100.000 muertos en estos dos años de conflicto.
Guadalupe relató que muchos pueblos fueron tomados por las guerrillas islámicas, que impusieron la ley islámica y ya no permiten la convivencia religiosa. Obligan a las mujeres a taparse, como habitúan las musulmanas, y retiraron las cruces de los lugares públicos y de los templos.
En Siria, relata, se vivió como “un verdadero milagro” la jornada de ayuno y oración promovida por el papa Francisco, que evitó el avance de un ataque con misiles sobre las principales ciudades. Frente a la incertidumbre del ataque, los fieles sintieron la presencia de los cristianos y gente de otros credos rezando por la paz.
La religiosa tuvo la oportunidad, antes de volver a la Argentina, de pasar por Roma y saludar al papa Francisco luego de una audiencia. Recordó, emocionada, su saludo y la exhortación a seguir misionando. “Es muy importante que el Santo Padre te lo diga… eso fue muy importante para nosotros”.+

Fuente: AICA.

domingo, 13 de abril de 2014

HOMILÍA DE MONSEÑOR MARINO EN EL DOMINGO DE RAMOS

 

 

¿Quién es éste?

(Mt 21,10)

Homilía del Domingo de Ramos

Catedral de Mar del Plata, 13 de abril de 2014

 

Queridos hermanos:

“¿Quién es éste?” se preguntaban los habitantes de Jerusalén, al ver una muchedumbre de peregrinos galileos que ingresaban en la ciudad santa y  aclamaban a Jesús montado sobre un asna. Quienes lo acompañaban ya lo habían identificado con sus gritos. Es el “Hijo de David”, “el que viene en nombre del Señor” (Mt 21,9). No tenían dudas. Jesús es el Mesías. Ante la pregunta responden: “Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea” (Mt 21,11).

Había entusiasmo y alegría, que hemos imitado en nuestra procesión. Para aquella muchedumbre, con Jesús se inauguraba el Reino de Dios tan anhelado, dando cumplimiento a los anuncios de los profetas. Reconocerlo como Rey Mesías era afirmar que llegaba la liberación del pueblo y la abolición de todos sus males.

También nosotros hoy hemos traído y agitado ramos con entusiasmo de discípulos de Cristo. Pero el relato de la Pasión nos hace caer en la cuenta de la verdadera realeza y del auténtico mesianismo de Jesús. Por eso, debe haber un rasgo fundamental de diferencia entre aquella multitud y nosotros, entre su entusiasmo y el nuestro. Ellos imaginaban de un modo muy humano el Reino que Jesús traía. Nosotros, instruidos por los sufrimientos de su pasión y beneficiados por la gracia de la fe, sabemos que su triunfo pasa por la humillación de su muerte. Creemos que el Reino de Dios se inicia cuando cambia nuestro corazón.

Al escuchar la Pasión encontramos una inagotable riqueza de aspectos para nuestra meditación. Me detengo en algunos.

La traición de Judas nos pone ante el misterio del corazón del hombre y de su libertad. Jesús lo eligió y lo llamó “amigo” y lo invitó a seguir sus enseñanzas. Pero Judas se dejó tentar por Satanás. No sólo no entendió al Maestro, sino que cedió a la tentación de obrar con independencia de él y de entregarlo. Jesús dice de él algo terrible: “¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”  (Mt 26,24).

Una vez consumada su traición, el remordimiento no lo deja en paz. Reconoce: “He pecado, entregando sangre inocente” (Mt 27,4). Y termina de manera trágica: “arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó” (Mt 27,5). Dejamos a Dios el enigma de su destino eterno. Sólo él sabe. Nosotros recogemos una lección. Dios nos socorre con su gracia, pero respeta nuestra libertad. Siempre espera nuestro arrepentimiento y nuestra conversión.

Hay también otra figura que flaquea y cae. Nada menos que Pedro. Sincero y arrebatado, creyente y débil a la vez. Presumiendo de sus fuerzas, había dicho: “Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás” (Mt 26,33). Pocas horas después negará tres veces al Maestro. Al canto del gallo “Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces». Y saliendo, lloró amargamente” (Mt 26,75).

Judas se arrepintió, pero la conciencia de su pecado lo llevó a la desesperación y al suicidio. A Pedro, el arrepentimiento lo llenó de lágrimas y lo condujo a la humildad. En esta semana santa debemos revisar cuántas veces pudimos identificarnos con Judas o con Pedro. No caigamos en la desesperación de Judas. Y aprendamos con Pedro a dudar de nuestras fuerzas y ser humildes ante el Señor, para no negar a Cristo en el momento de la prueba.

Será útil que nos detengamos en la soledad de Cristo en su agonía espiritual en el huerto de Getsemaní. Está viviendo una “tristeza de muerte”, busca a su Padre y se pone a su entera disposición. Quiere sentir la compañía de los más íntimos, pero no la encuentra. Sus discípulos no entienden nada. Tres veces va a buscarlos y los encuentra dormidos, a pesar de su reproche. Cuando lo apresan, “todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (Mt 26,56).

Esto no es sólo historia, sino una realidad que se actualiza en nuestra vida personal y social, y no podemos mirar hacia el costado. La agonía de Cristo y su soledad, el sueño de los discípulos, así como la traición de Judas, las negaciones de Pedro, el abandono de sus seguidores, se prolongan en la historia. Cristo es abandonado en los ancianos en los que nadie piensa. Es negado cuando no lo reconocemos en los rostros dolientes de tantos hermanos, y cuando pudiendo hacer algo por ellos nos escapamos y huimos de lo que nos molesta. Es condenado a muerte cuando una ley propicia el aborto. Es traicionado por los cristianos cuando prefieren la popularidad y el número de votos, a costa de la verdad y de la recta conciencia.

Esta semana Él nos vuelve a preguntar lo mismo que a sus discípulos: “¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora?” (Mt 26,40).

Cuando al término de esta Misa volvamos a nuestras casas con nuestros ramos benditos, tengamos clara la respuesta a la pregunta inicial: “¿Quién es éste?” Éste es nuestro verdadero libertador, el que nos saca de la esclavitud de nuestro egoísmo; el que quita nuestros pecados y nos enseña a perdonar. Éste es el Hijo de Dios, enviado por el Padre. El que nos despierta del sueño y nos llama a estar atentos a lo que más vale en la vida.

Queridos hermanos, con la voz del papa Francisco, les digo a todos: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo” (EG 49).

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

El significado esotérico de la película “Noe”

 

NO ES HISTORIA BÍBLICA SINO FÁBULA GNÓSTICA

Noe

 

 

Estrenada en Marzo del 2014, la película de Darren Aronofsky, “Noé”, levantó diversos cuestionamientos sobre los intereses de Hollywood frente a las historias bíblicas. Más allá de una nociva crítica es de mi interés exponer el trasfondo espiritual del film y porque es tan peligroso considerar estas expresiones “artísticas” como cristianas.

Cuando leemos los capítulos del Génesis que conforman la historia del verdadero Noé podemos llegar a tres conclusiones básicas que sostienen la forma y el carácter de Dios. Primero,  Noé era un hombre justo y fiel. Segundo, Dios envía la inundación a causa de la perversión del ser humano. Tercero, Dios es misericordioso y les da a los seres humanos una oportunidad de vivir si deciden entrar al arca. Lamentablemente, en la versión del Aronofsky estos elementos son desechados para dar lugar a una oscura fantasía de un Noé atormentado, que es ayudado por demonios y guiado por la hechicería de su abuelo Matusalén. Si bien esto ya suena muy perturbador, en la profundidad de sus capas de interpretación la película se levanta con claros simbolismo gnósticos y tintes cabalísticos que provienen de las escuelas de misterio. Veamos las escenas claves que conforman la visión de la película Noé y porque Hollywood está tan interesado en reescribir las historias bíblicas.

La Fábula del Director
Paramount Pictures, quién hizo un notable esfuerzo estratégico por vender esta película al amplio y rentable público cristiano, detallaba en la web oficial la siguiente descripción:

“La película está inspirada en la historia de Noé. Aunque la licencia artística se ha tomado, creemos que esta película es fiel a la esencia, los valores y la integridad de la historia que es la piedra angular de la fe de millones de personas en todo el mundo.”

- fuente

Muy contrario a esto el director Darren Aronofsky mencionó sobre el film:

“Noé es la película bíblica menos bíblica jamás hecha”, “Y me importa una mierd@ la calificaciones! Mis películas están sobre las calificaciones.”

- fuente

Según las fuentes oficiales Paramount realizo su propia versión de la película recortando muchas de las escenas del director para hacer un film más fiel a la historia bíblica, pero debido a una mala critica de The New Yorker al final la versión de Aronofsky fue la que llegaría a las salas de cine.

Luego de esta decisión Paramount terminó en un gran dilema tras las críticas de prensa de las proyecciones iniciales, donde encontraron que muchos cristianos estaban molestos porque la película Noé no fue fiel a la narrativa bíblica. Esto no debería ser una gran sorpresa, ya que Aronofsky, promueve elementos ocultos y gnósticos como en sus otras películas. Añadiendo a esto el hecho de que él se refiere a la historia de Noé como un “gran fábula”, y no tiene motivos para referirse a la historia con algún sentido de respeto o reverencia a Dios. Aronofsky admitió:

“Yo no creo que es una historia religiosa… creo que es una gran fábula que es parte de muchas religiones diferentes y prácticas espirituales.”

-Darren Aronofsky, Variety 2012

Es claro que al final fue la versión de un egocéntrico Aronofsky la que se colocó por encima de la versión de Dios sobre la historia de Noé. Y si estaba esperando una historia bíblicamente fiel sobre redención y obediencia, usted va a ser profundamente decepcionado. Lo que veremos ahora es la exégesis invertida y manipulada de la mente del director sobre la historia de Génesis.

La Luz y la Piel de Serpiente
Durante el desarrollo del argumento vemos que se muestran visiones de lo que Noe conoce sobre la creación del mundo y la primera pareja que fue desterrada del Edén. Cuando él y su familia se encuentran reunidos en el arca este empieza a narra la historia de la creación. Adán y Eva, quienes están hechos de luz, se encuentran frente los dos principales árboles de la creación.Pero ¿Qué clase de doctrina enseña que Adan y Eva estaban hechos de luz? Esto no proviene de la Biblia, sino de la Cábala, que básicamente es una escuela de esoterismo judío y gnosticismo. Curiosamente uno de los libros judíos que enseñan sobre la Cábala se denomina el Zohar, término usado en la película como un mineral que emana luz de su interior (conocimiento). El verdadero Zohar judío menciona:

“Cuando nuestro padre Adán habitaba el Jardín del Edén, estaba vestido, como todos los que estaban en el cielo, con una prenda hecha de la luz superior. Cuando él fue expulsado del Jardín del Edén se vio obligado a someterse a las necesidades de este mundo, ¿Qué pasó? las Escrituras nos dicen que Dios le hiso al hombre y su mujer túnicas piel y los vistió; pues antes tenían túnicas de luz, de la luz más alta utilizada en el Edén… “

En la visión gnóstica se enseña como principio que existe un gran oposición entre el mundo espiritual y el mundo material. Eso es exactamente lo que vemos en la historia de Noé. La primera pareja deja de ser luz y se convierten seres humanos de carne y hueso. Esta degradación también se verá mas adelante con los ángeles que caen del cielo.

Durante la misma escena la serpiente hace una bizarra aparición muy lejana de lo que describe la Biblia. Esta cambia de piel justo antes de tentar a la primera pareja, emanando la misma luz que representa la divinidad de hombre. La película muestra que la piel de serpiente es encontrada por el resplandeciente Adán antes de su caída y expulsión, para luego ser heredada a sus hijos hasta la generación del padre de Noé. La película enseña que algo de la divinidad de la serpiente fue entregada al hombre y este a su vez la otorga a su linaje. Esto es gnosticismo básico, ya que fue Lucifer (el portador de la luz) quién entrego la luz del conocimiento.

Luego de que el hombre es expulsado del Edén, Noé explica que un grupo de ángeles del cielo, “Los vigilantes”, desobedeció a “el creador” y fueron arrojados a la tierra y también despojados de su divinidad. En la película vemos como estos ángeles caídos llegan a la tierra en forma de luz para luego convertirse en monstruos de lava que finalmente terminan con cuerpos hechos de roca. Esta es otra alegoría a la teología gnóstica de la inferioridad del cuerpo humano y como sirve como prisión del espíritu. También es el principio de la creencia nueva era de que somos dioses en cuerpos físicos, enfocados en iniciar un proceso de iluminación esotérica. Al final todas estas imágenes están relacionadas al luciferanismo y la búsqueda de la divinidad sobre la materia.El término “Los Vigilantes” es usado en el libro apócrifo de Enoc para describir a los ángeles caídos. Es interesante que en la película de Aronofsky  estos ángeles no están en el abismo esperando el juicio final como enseña la Biblia, sino que luego de vivir aislados deciden ayudar a Noé a construir el arca y defenderlos de sus enemigos. Luego de que estos son asesinados por los hombres que intentan tomar el arca, son ascendidos nuevamente al cielo en forma de luz, siendo redimidos por “el creador”. Adolphe Franck explica sobre la cosmología de la Cábala:

“No hay nada absolutamente malo; nada es maldito para siempre, ni siquiera el arcángel del mal o la víbora  como se le llama a veces. Llegará un momento en el que él recuperará su nombre y su naturaleza angelical”.

Entendiendo la visión de Aronofsky sobre el libro de Génesis es claro que él no tiene ningún interés en la historia bíblica, sino en la versión cabalística y gnóstica de exponen las escuelas de misterio. Es en este sentido que podemos revelar a quién se refieren cuando mencionan a Dios como “el creador”. Pero ¿Por qué obviar la palabra “Dios” y usar este calificativo? Esto se debe a que para los gnósticos el Dios que CREO el mundo material (Yahvé) es una deidad inferior, egoísta y asesino, que solo busca someter al ser humano mediante la obediencia. Este creador trata de mantener a Adán y Eva alejados del verdadero conocimiento de lo divino (el árbol de la ciencia del bien y del mal) y cuando desobedecen, monta en cólera y los expulsa del jardín.

La película más tarde muestra a Noé de niño junto a su padre Lamec, en lo que pareciera un ritual de magia ancestral, teniendo como principal artilugio la piel de serpiente que fue encontrada por Adán. Su padre la pone alrededor de su brazo hasta el extremo de su mano. Es importante notar que esta brilla, quizás para dejar en claro que Lamec ha sido “iluminado” por esta reliquia. Pronto podemos ver que él intenta heredar este “poder” a su hijo Noé.

Sea cual fuere el caso, el ritual es interrumpido a último minuto por Tubal-Caín, quién termina asesinando a Lamec y robando la piel de serpiente, el joven Noé escapa sin haber recibido los “atributos espirituales” de este artilugio. Esta es una escena clave, ya que “el creador” escoge al único que miembro no posee esta herencia para llevar a cabo su plan de despoblación mundial. Noé está en “desventaja”, propenso a ser atormentado con las visiones del diluvio.

Otro personaje interesante es su abuelo Matusalén, el cual luce más como un doctor chamanista que posee poderes místicos y es capaz de realizar manifestaciones sobrenaturales. Quizás esto se debe a que él fue “iluminado” por la piel de serpiente, ya que como vimos, en su hijo Lamec la posee por herencia de él.

Matusalén, el guía y asesor espiritual de Noé

Más tarde en la película se ve como él sana a Ila de su esterilidad y le permite tener hijos. Una figura muy simbólica, ya que no es ”el creador” quién la sana, sino Matusalén mediante sus poderes paganos heredados por la serpiente. Luego veremos que el plan de exterminio de “el creador” es arruinado por el embarazo de Ila, lo que podría darnos una pista de que Matusalén trabaja en favor de la serpiente y no de ”el creador”. Esta diferencia podría también explicarnos el porqué termina ahogado en el diluvio junto a los demás humanos destructores y no es rescatado en el arca.

Un Diluvio Para Salvar A Los Inocentes
Han pasado los años y ahora Noé tiene una esposa y tres hijos, él se encuentra en un lugar aislado del gobierno de Tubal-Caín, pero nota que se están acercado y consigo traen la destrucción animal y vegetal de la Tierra. Mientras que la historia bíblica señala que la destrucción del mundo se da por la perversión del hombre que era frecuente en los días de Noé, Aronofsky eligió utilizar la película para torcer el carácter justo y amoroso de Dios con el hombre y propagar la agenda global sobre ambientalismo. De hecho, Aronofsky menciona cuál es tema central en la historia de Noé:

“Se trata de un apocalipsis ambiental el tema más importante, para mí, en este momento es lo que está pasando en el planeta. Así que creo que tiene estos grandes, grandes temas que se conectan con nosotros. Noé fue el primer ambientalista “.

-Fuente

También podemos ver la idolatría sobre la creación hoy en la adoración a la diosa “Gaia” o “Madre Tierra”, en muchos jóvenes que defienden el medio-ambiente radicalmente. Estas sectas, en su afán por revivir el paganismo han dejado de lado gran parte de la ley moral de Dios. Muchas veces en su intento de establecer una religión mundial basada en la adoración de la creación. En esta versión distorsionada Dios no envía una inundación a causa de la maldad del hombre, sino es un tema de sobrepoblación y medio-ambiente del planeta. Ambos puntos son constantemente promovidos por la agenda illuminati.

Más tarde Noé es drogado por Matusalén -así es… drogado- y recibe una visión del diluvio por venir. Se está ahogando, pero ve animales que flotan a la superficie hacia la seguridad de un arca. No hay indicación alguna en su visión de que él va a sobrevivir. Él se está hundiendo, mientras que los animales, “los inocentes”, se acercan cada vez más al arca. “El Creador” quién da esta visión a Noé, quiere a todos los seres humanos muertos.

Si bien la Biblia enseña en Proverbios 12:10 que debemos de cuidar a los animales, en ninguna parte Dios coloca la vida del ser humano por debajo de otro ser vivo. La razón principal de este argumento es mostrar la visión gnóstica sobre el Dios dictador que promueve el homicidio como solución a un problema medioambiental. Por otro lado el antagonista de Noé, Tubal-Caín, da un discurso donde defiende la industrialización y menciona que los animales están para servir al hombre. Otro ejemplo de Tesis + Antítesis = Síntesis.

Luego de que llega el diluvio su hijo Cam ayuda a Tubal-Caín a ingresar al arca, esto como forma de venganza a su padre por no salvar a su futura esposa. Paralelamente se descubre que su hija adoptiva Ila esta embarazada de su hijo Sem, lo que convierte a ya preocupado Noé en un psicópata pro-abortista que desea textualmente “cortarle el cuello” a su descendencia. Todo con el fin de eliminar a la raza humana y cumplir con la misión que le fue encomendada por “el creador”.

Cuando Ila está dando a luz, Noé se dispone a intervenir, pero es distraído por su hijo Cam, quién en realidad lo lleva a una trampa planeada por él y Tubal-Caín. Luego de que ambos luchan Tubal-Caín es asesinado, no sin antes devolverle la piel de serpiente a Cam. Debemos destacar que pese al diluvio universal y la muerte de todos los seres humanos, el regalo de la divinidad otorgado por la serpiente (Sophia o Gnosis) se las arregla para sobrevivir el diluvio y ser devuelto al linaje de Noé.

Tras la muerte de Tubal-Caín Noé retoma su plan homicida y vuelve a perseguir a Ila y a sus dos hijas recién nacidas. Este la acorrala… pero no puede. Noé mira al cielo y le dice a “el creador”: “No puedo hacer esto” y más tarde menciona: “Cuando miré a esas dos niñas, mi corazón estaba lleno de nada más que amor”. Al final la película sugiere que el personaje de Noé es más bueno y misericordioso que el mismo Dios. Él tiene algo que no “el creador” no tiene, Amor.

La Preservación Del Conocimiento
Cuando la familia desciende a la nueva tierra Noé termina embriagándose con vino, sus tres hijos llegan para cubrir su desnudez y Cam le devuelve la piel de serpiente. En la siguiente escena Noé regresa con su familia pero ahora posee el artilugio rodeando su brazo y emanando luz, supuestamente como el medio que le ayudará a proteger la Tierra. Él ha sido “iniciado” al igual que su padre Lamec y su abuelo Matusalén. Él ha salido de su embriaguez espiritual y ahora posee el conocimiento que le permitirá dejar de servirle al Dios destructor y homicida. En términos gnósticos, él fue usado por su ignorancia, pero ahora ha sido “iluminado”.

En resumen, podemos decir que Darren Aronofsky, alguien quién cree que la historia de Noé es una fábula sobre el primer medio-ambientalista, tomo las licencias de la historia bíblica para promover una agenda especifica, como sabemos, una que necesita la élite para incorporar la religión gnóstica-cabalística de los Illuminati, donde Dios es menospreciado como un dictador y Satanás exaltado como una fuente de iluminación. Para Aronofsky esta tarea hubiera sido imposible si se basaba SOLO en la Biblia, en su lugar él incorporó el esoterismo judío de la Cábala, el Zohar y gnosticismo con el fin de ecumenizar el mensaje. Como él mismo admite:

“creo que es una gran fábula que es parte de muchas religiones diferentes yprácticas espirituales.”

El Verdadero Significado Del Arca
Debemos saber que Hollywood, lejos de los millones que puede ganar por esta clase de películas, se ha levantado en una guerra psicológica contra Dios. Promoviendo en sus miles de películas una versión invertida del bien y del mal, nada lejano de lo que la serpiente ya hizo contra el primer hombre y su descendencia. Usando la ignorancia de muchas personas sobre los asuntos espirituales, Lúcifer está reviviendo las distracciones del tiempo de Noé para que no entremos en el arca de salvación. Esta es la razón del oportuno paralelismo que hace Jesús sobre los tiempos de su segunda venida:

“Como sucedió en tiempos de Noé, así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre. En aquellos tiempos antes del diluvio, y hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba. Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre.”

- Mateo 24:37-39

En la historia que vivió Noé y su familia, Dios nos profetiza de que forma Él le iba a dar una nueva oportunidad al hombre, ya que en muchos sentidos el arca representa la única forma de salvación que llego milenios después en la forma de Jesucristo. Y exactamente como el tiempo que vivimos ahora, donde la filosofía de un director es las que esta permeando los conceptos que se tienen de Dios, las personas de nuestro tiempo rehúsan entrar por esa puerta angosta de salvación. El que es fiel y verdadero le dice:

“Yo soy la puerta: el que por mí entre, se salvará… Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.”

- Juan 10:9 – 14:6

Fuente: Tradición Digital.

Malestar e indignación por la profanación de una capilla de Paraná

 

Se trata de la capilla Cristo Rey, ubicada detrás del Barrio José Hernández. Desconocidos ingresaron, ocasionaron numerosos destrozos y robaron las hostias consagradas.

Extraños ingresaron durante la madrugada de este domingo a la capilla Cristo Rey dependiente de San Cayetano y ubicada detrás del Barrio Hernández de Paraná; produjeron la profanación del Santísimo Sacramento, junto a numerosos destrozos. En el lugar, se pudo constatar que robaron las hostias consagradas que se conservaban bajo llave en el Sagrario.
El Arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, junto al párroco del lugar, invitaron a que se ofrezcan actos en desagravio y reparación por este hecho que no sólo llena de dolor, sino que también afecta a los sentimientos más nobles de los fieles.
Más allá del robo y de los daños materiales, la comunidad católica afirma sentirse "profundamente dolida y consternada" por este acto de profanación de la Eucaristía, "que constituye el tesoro más grande de la Iglesia en el que se venera la presencia real del cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo".

Fuente: El Once.

Texto completo de la homilía del Santo Padre Francisco

 

Esta semana comienza con una procesión festiva con ramas de olivo: todo el pueblo acoge a Jesús. Los niños y los jóvenes cantan, alaban a Jesús. Pero esta semana va adelante en el misterio de la muerte de Jesús y de su resurrección.
Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien preguntarnos ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo ante mi Señor? ¿Quién soy yo, delante de Jesús entrando en Jerusalén en este día de fiesta? ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo? ¿O tomo las distancias? ¿Quién soy yo, delante de Jesús que sufre? Hemos oído muchos nombres: tantos nombres.
El grupo de líderes religiosos, algunos sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que había decidido matarlo. Estaban esperando la oportunidad de apresarlo ¿Soy yo como uno de ellos? Incluso hemos oído otro nombre: Judas. 30 monedas. ¿Yo soy como Judas? Hemos escuchado otros nombres: los discípulos que no entendían nada, que se quedaron dormidos mientras el Señor sufría.
¿Mi vida está dormida? ¿O soy como los discípulos, que no entendían lo que era traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería resolver todo con la espada: soy yo como ellos? ¿Yo soy como Judas, que finge amar y besa Maestro para entregarlo, para traicionarlo? ¿Soy yo, un traidor? ¿Soy como aquellos líderes religiosos que tienen prisa en organizar un tribunal y buscan falsos testigos? ¿Soy yo como ellos?
Y cuando hago estas cosas, si las hago, ¿creo que con esto salvo al pueblo? ¿Soy yo como Pilato que cuando veo que la situación es difícil, me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar – o condeno yo – a las personas? ¿Soy yo como aquella muchedumbre que no sabía bien si estaba en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elije a Barrabás?
Para ellos es lo mismo: era más divertido, para humillar a Jesús. ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? ¿Soy yo como el Cireneo que regresaba del trabajo, fatigado, pero que tuvo la buena volunta de ayudar al Señor a llevar la cruz? ¿Soy yo como aquellos que pasaban delante de la Cruz y se burlaban de Jesús?: “¡Pero... tan valeroso! ¡Que descienda de la cruz, y nosotros creeremos en Él!”.
La burla a Jesús… ¿Soy yo como aquellas mujeres valientes, y como la mamá de Jesús, que estaba allí, y sufrían en silencio? ¿Soy yo como José, el discípulo escondido, que lleva el cuerpo de Jesús con amor, para darle sepultura? ¿Soy yo como estas dos Marías, que permanecen en la puerta del Sepulcro, llorando, rezando? ¿Soy yo como estos dirigentes que al día siguiente fueron a los de Pilato para decir: “Pero, mira que éste decía que habría resucitado; pero que no venga otro engaño”, y frenan la vida, bloquean el sepulcro para defender la doctrina, para que la vida no salga afuera? ¿Dónde está mi corazón? ¿A cuál de éstas personas yo me parezco?
Que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana.
(Traducción de Eduardo Rubió y María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente: Radio Vaticano.

sábado, 12 de abril de 2014

P. Leonardo Castellani: Sermón del Domingo de Ramos

 

En el Domingo de Ramos se lee durante la misa la Pasión según San Mateo; y en el curso de la Semana Santa se leen las otras tres “Pasiones” –la de San Juan, se canta. La Iglesia quisiera que toda esta Semana se recordara de continuo y meditara la Pasión de Cristo. Pero para poder hacer eso, hay que ser fraile.
La Iglesia quisiera que se meditara la Pasión de Cristo toda la vida; que eso significan los Crucifijos; y los “Calvarios” que se yerguen sobre todas las montañas y lomas en los países católico-germanos de Europa; meditación a la que no puede agotar ninguna vida de hombre. La actual devoción al “Corazón de Jesús” significa lo mismo: es la Pasión de Cristo contemplada en el interior, es decir, en sus afectos, que fueron infiernados; y en su causa, que fue el Amor –el amor no correspondido. Es decir, los dolores del alma. San Juan es el “scriba ánimæ Christi”, el notario del corazón de Jesús.
Haremos dos comentarios de la pasión y muerte de Cristo: uno sobre los dolores de su alma (sobre lo cual escribió un sermón inmortal E. Newman) y otro sobre la legalidad de la muerte de Cristo. Hoy día, después del historiador Gibbons, muchos escritores impíos sostienen que la muerte de Cristo “fue legal”.
Los dolores físicos de Cristo fueron extremos: una verdadera tempestad de horrores. Un día de intenso trabajo, el rito de la Pascua, el largo y emotivo Sermón-Testamento después del lavatorio de los pies pedían una noche de sueño: siguió la larga subida al Olivar desde la otra punta de la ciudad, rodeando el Templo: la bajada al Cedrón y la subida a Getseemáni, la doble oración del Huerto en la cual sudó sangre; y el apresamiento lleno de brutalidades; que no otra cosa significan el machetazo de Pedro a Malco y la huida despavorida de los Apóstoles. Después siguió la parada ante el Sanedrín y la bofetada; y las inmundas vejaciones, ultrajes y golpes en la galería de la Curia Sinagogal. Al amanecer Cristo tenía que estar desmayado o muerto; y entonces comienza la real pasión: le quedaba todavía doce horas de torturas sobrehumanas, a saber, los paseos horribles por toda la ciudad, los azotes a la columna (que ellos solos producían la muerte en muchos casos), la coronación de espinas, el acarreo de la cruz, el enclavamiento y las tres horas de espantosa agonía. Hasta la última gota de sangre. Despacio, diabólicamente graduado.
Los dolores de un hombre son una función de su sensibilidad; los dolores físicos al fin y al cabo desembocan en la conciencia, la cual les da su tercera dimensión: por eso un dolor físico cualquiera es infinitamente mayor en un hombre que en un animal. Y por eso la pasión física de Cristo, aunque la suma de las torturas no hubiese sido casi infinita, hubiese sido a causa de su exquisita sensitividad casi infinita; porque Cristo representa con respecto a nosotros algo como nosotros con respecto a un animal. Cristo tenía una “cuarta” dimensión.
Hay hombres que han sufrido horrores en su vida estando casi incólumes exteriormente: a causa de su sensitividad. El filósofo Kirkegor por ejemplo: yo no he vacilado en estampar hace poco a su propósito la frase sagrada: “enclavaron sus manos y sus pies y contaron todos sus huesos”. Y sin embargo Kirkegor físicamente no sufrió mucho: tenía una pequeña renta para vivir, no tuvo enfermedades agudas, su “would-be” suegro lo amenazó una vez con un puñetazo pero no se lo dio, su gigantesco trabajo de escritor (que en 8 ó 10 años produjo una obra que en la actual edición alemana tiene 52 tomos) estaba compensado por el gozo de la creación de obras geniales… Pero Kirkegor era un melancólico, tenía los nervios de un gran artista; y lastimados encima. La lectura de su “Diario” lo pone poco a poco a uno delante de los dolores de Job; y uno se queda pasmado delante de un verdadero abismo de paciencia. Fue ciertamente un “crucificado”.
La pasión del Cristo se abre y se cierra con dos frases de dimensión infinita, que indican los dolores del alma de Jesús, que sólo Él podía conocer. Al comenzar dijo: “Mi alma está triste hasta la muerte”; y al terminarla dijo: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”. Estas palabras responden al grito que puso en sus labios el profeta: “Todos los que pasáis por el camino, atended y mirad si hay dolor comparable a mi dolor”.
Estas palabras designan un dolor abismal, casi infinito: la Muerte y el Infierno, que son los dos males supremos, hijos del Pecado. Porque el sentirse real y verdaderamente abandonado por Dios, eso es el infierno. Y Cristo no exageraba ni mentía.
La primera sangre que derramó Cristo no se la arrancaron los azotes: se la arrancó la tristeza. “Empezó a entristecerse y a atediarse y aterrorizarse” –anota el Evangelista. Vieron visiblemente los Apóstoles en el gesto de Cristo esos tres monstruos –Tristeza, Tedio y Terror– que cayeron sobre Él al ingresar en el Oliveto; y la respuesta del Maestro a su muda o hablada interrogación fue descubrirles su alma “triste hasta la muerte”. La aprensión imaginativa de un gran peligro o un gran dolor –y más de un dolor irremediable– suele atormentar a veces más aún que el mismo hecho: a muchos los ha llevado a la desesperación y al suicidio. Esa es la condición del hombre; pero esa condición, que nos ha sido dada para que luchemos y evitemos la catástrofe, a Cristo le fue dada para mayor tormento. “Y era su sudor como sudor de sangre que corría hasta la tierra” –empapadas las vestiduras por lo tanto. Púrpura real. “¿Quién es éste que viene desde Esrom, enrojecidas sus vestiduras como vestiduras de rey?”.

La tristeza de Cristo tenía tres raíces: 1ª) el Universal Pecado que había asumido como Cordero Sacrificial pesando asquerosamente sobre su conciencia santísima; 2ª) la previsión de todos los horrores próximos con la violenta y frustrada voluntad de rehuirlos y evitarlos; 3ª) la visión clarísima de la ingratitud de la humanidad. Quae utílitas in sánguine meo? ¿Para qué ha servido mi sangre? ¡Judas!
De nosotros depende que haya servido o no. Podemos consolar el corazón de Dios.
“Comenzó a entristecerse…”. Esa tristeza fue aumentando hasta el final, hasta llegar al grito de los condenados. Los Apóstoles no vieron más que la entrada al abismo. Más allá ningún hombre puede seguir al Hombre-Dios.
Es cuestión de recordar la frase ingenua y temeraria del paisano: “Si esto que dicen los curas es verdá, y todo eso fue por mí, yo tengo que hacer alguna cosa muy brava por vos”.
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El 2º comentario al “Passio” de San Mateo que habíamos prometido versa sobre la legalidad de la muerte de Cristo.

Hace tiempo leímos en un diario yanqui una noticia curiosa: que los israelitas de Nueva York querían hacer una revisión jurídica del proceso a Cristo; es decir, reunir otra vez el Sinedrio, rever testimonios y pruebas, y dictar sentencia definitiva. No sé si se hizo. Lo curioso sería que lo hubiesen hecho y hubiesen condenado de nuevo a muerte al Nazareno ese, que tanto ha dado que hacer. La verdad es que en todo rigor debían hacer eso; porque si llegaran a absolverlo, tenían que volverse todos cristianos; o mejor dicho, ya lo serían 1.
Pero si lo han hecho, lo probable es que la sentencia no ha sido ni “guilty”, ni “non guilty”; sino una sentencia de “not proven” o “out of legality”: nulo por irregularidad de forma jurídica. El proceso de Cristo ha sido altamente ilegal.
El P. Luis De La Palma S. J. en su clásica obra “Historia de la Pasión” ha reseñado en una página maestra las ilegalidades de ese rabioso proceso, que fue una monstruosidad jurídica. El Sinedrio o Tribunal Supremo se reunió en el tiempo pascual, cosa que les estaba vedada; se produjeron testigos falsos y contradictorios; no hubo testigos de descargo; no se dio al reo un defensor; al responder a una pregunta del juez, el acusado fue abofeteado; se tomó una respuesta del reo como prueba y el juez se convirtió en fiscal; la respuesta del Sinedrio no se dio por votación; se celebraron dos sesiones en el mismo día, sin la interrupción legal mandada entre la audición y la sentencia; el sentenciado fue deferido a la Autoridad Romana, que ellos no reconocían como legítima y que (como les advirtió el mismo Pilatos) no entendía jurisdiccionalmente de delitos religiosos; la acusación promovida en el Pretorio (“éste, se ha hecho Dios y por eso debe morir”) no era delito en ese Tribunal; el reo fue tundido a azotes, que era el comienzo de la crucifixión, antes de la sentencia prolata; el delito de conspiración contra el César, que promovieron después, no era pasible de crucifixión, ni siquiera de muerte, como lo era la sedición a mano armada y la traición al ejército imperial, cosas que manifiestamente no hizo Cristo; y finalmente dejando otras dos irregularidades menores, el pazguato de Pilato no profirió la sentencia oficial: “Ibis ad crucem”, sino que dijo malhumorado: “Agárrenlo ustedes y hagan lo que quieran”, cosa que un juez no puede hacer, porque es abdicar su oficio; después de haber hecho la fantochada de lavarse las manos con lo que creyó quedar bien con Dios, con los judíos y con su mujer; y después de haber proclamado públicamente la inocencia del acusado: “Non invenio in eo culpam” –no encuentro culpa en él–, lo mandó al patíbulo.

No sé si olvido alguna porque cito de memoria; pero con la mitad de estas irregularidades el proceso es archinulo; y el juez tenía el deber estrictísimo de absolver al acusado; hacer administrar “cuarenta menos uno” a Caifas por los malos tratamientos que había permitido infligirle; y hacer barrer a golpe de lictor a la turba con Barrabás y todo, que al pie de la escala de mármol (no querían pisar el pretorio para no mancharse y poder comer la pascua, los angelitos), bramaban como leones y toros (“toros bravos me han cercado, líbrame de la boca del león” –dijo el Profeta), y atropellaban el decoro del Procónsul con amenazas absurdas. Lo único que hay que anotarle al pollerudo de Pilatos es que no recibió ninguna “coima” (no se acordó) cosa que no se puede decir de todos los jueces cristianos.
Pero donde se equivoca La Palma es en enrostrar a los fariseos todas estas fallas del “procedimiento”; en este caso no tienen importancia maldita 2. Si Cristo no era lo que Él decía, había que darle muerte por encima de todo procedimiento; y eso en virtud del sentimiento religioso. Era un blasfemo; y por cierto, el blasfemo más extraordinario que ha existido. Por eso, ellos no tuvieron reparos en des-responsablar a Pilatos: “que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Esto era un juramento tremendo, que los latinos llamaban “exsecración”. En eso se sentían seguros: “creían (perversamente) hacer un obsequio a Dios”. Si el Nazareno no era Dios; ni el pastor Eróstrato que incendió el templo de Diana de Efeso, ni Calígula que violó una Vestal, ni Enrique II que hizo matar a Santo Tomás-Beckett en su catedral y durante su misa, han hecho una blasfemia y un sacrilegio comparable: “Reo es de muerte; nosotros sabemos que es reo de muerte; poco importa lo que le digamos a este romanacho incircunciso…”. Si la acusa de conspiración contra el César, y la subsiguiente amenaza no hubiesen surtido el apetecido efecto, poco les hubiera importado acusar a Cristo de haber pagado tres asesinos para matar a Pilatos, su mujer y su hijo. (Pilatos no tuvo hijos en vida; aunque después de muerto ha tenido muchos hijos adoptivos).
Pero la cuestión en causa no era la sedición contra el César (que ellos deseaban con toda el alma, los hipócritas) ni si Cristo había dicho que iba destruir el Templo y reedificarlo en tres días (que ellos sabían no había dicho) ni nada por el estilo. La cuestión real era: ¿Cristo es lo que Él dijo o no? Esta es la cuestión más tremenda que se ha puesto en la historia de la humanidad: cuestión de vida o muerte.
Todavía se pone, se pone continuamente; y la prueba son los honestos judíos de Nueva York. El proceso de Cristo se reproduce continuamente en el alma de cada hombre: Cristo es acusado, da testimonio de sí, deponen contra él falsos testigos, malos sacerdotes lo juzgan y condenan, Judas lo besa, inmundos herodes se burlan de él, y muchos pilatillos lo crucificamos. Es la cuestión de un simplicísimo si o no que se produce en lo más profundo del alma: “Sí, es Dios. No, no es mi Dios”. Si no es mi Dios, es reo de muerte… ¡Que desaparezca, que sea crucificado, que sea sepultado y sellado su cadáver y que no sepa más de él ni de su memoria!… Tremendo pensamiento.
Los cristianos creemos que la dispersión secular del pueblo judío (que ahora se está por terminar) es la respuesta a aquella “exsecración” de los fariseos: “caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. ¿Por qué sobre nuestros hijos? ¿No es injusto eso? Aquí hay un misterio. En realidad, todo judío que por su culpa no se vuelve cristiano, da su aquiescencia a la condenación de Cristo; porque ellos tienen en sus manos las Escrituras con todas las profecías (la pieza maestra del proceso, el testigo que no se llamó) y nadie tan bien como ellos puede entender de esta causa. Decir esto parece duro y tremendo; y en realidad lo es. Pero la cuestión es esta: o fue Dios o no fue Dios y no hay evasiva ni respuesta intermedia posible. O blasfemo, o mi Creador y Señor.
Dejemos en paz a los judíos si no es para rogar por ellos, como ruega la Iglesia el Viernes Santo: demasiado han sufrido. Lo malo es la segunda crucifixión de Cristo (“rursum crucifigentes Filium Dei”) que hacemos los cristianos. En mi propia vida tengo bastante que considerar; pero eso no es para contarlo aquí. Pero en la vida pública de las naciones llamadas cristianas, desde la Reforma acá, un largo e infausto Vía Crucis ejecuta al Cuerpo Místico de Cristo. Los caifas, los judas, los pedros, los herodes, los pilatos se multiplican; y todos los gestos de aquella nefasta hazaña se reproducen simbólicamente: se lo niega, se lo calumnia, se lo impreca, se lo azota y se lo crucifica. Y se lo sepulta.
Las naciones parecen en camino de crucificar nuevamente a Cristo; y de gritar al cielo: “que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.

«Hasta el cielo en dolor anegado
Llega el grito de un ruego execrable
Cubre el ángel su rostro espantado
Dice Dios: “Yo lo voy a cumplir”
Y esa sangre, que el padre imprecaba,
A la prole infeliz aún enlima
Que hace siglos la lleva y de encima
No la pudo hasta hoy sacudir…
Padre nuestro, pues tanto le cuesta
Por Él cese tu ardor vengativo
De los ciegos la insana respuesta
Vuelve en bien, oh piadoso Señor.
Sí, esa sangre sobre ellos descienda
Pero en lluvia que limpie sus lodos
Todos hemos errado, y de todos
Esa sangre redima el error. 3»

Domingo de Ramos El Evangelio de Jesucristo, Leonardo Castellani, S.J.

San Gregorio Magno y la inteligencia espiritual de las Escrituras

 

 

Por Raniero Cantalamessa

“El objetivo de nuestra reflexión es ver cómo los Padres nos pueden ayudar a reencontrar esa virginidad de escucha, esa frescura y libertad al acercarnos a la Biblia que permiten experimentar la fuerza divina que se desprende de ella”

En el intento de entrar en la escuela de los Padres para dar un nuevo impulso y profundidad a nuestra fe, no puede faltar una reflexión sobre su manera de leer la palabra de Dios. Será san Gregorio Magno, papa, el que nos guíe a la «inteligencia espiritual» y a un renovado amor hacia las Escrituras.
Ha sucedido en el mundo moderno, con respecto a la Escritura, lo mismo que se ha producido hacia la persona de Jesús. La investigación del exclusivo sentido histórico y literal de la Biblia que ha dominado en los últimos dos siglos partía de los mismos supuestos y llevó a los mismos resultados de la investigación de un Jesús histórico distinto del Cristo la fe. Jesús era reducido a un hombre extraordinario, un gran reformador religioso, pero nada más; la Escritura era reducida a un libro excelente, si se quiere el más interesante del mundo, pero un libro como los demás, que hay que estudiar con los medios con los que se estudian todas las grandes obras de la antigüedad. Hoy se está yendo incluso más allá. Un cierto ateísmo militante maximalista, antijudío y anti-cristiano, considera la Biblia, el Antiguo Testamento en particular, como un libro «lleno de infamias», que hay que quitar de las manos de los hombres de hoy.
A este asalto a las Escrituras, la Iglesia opone su doctrina y su experiencia. En la Dei Verbum, el Vaticano II reiteró la perenne validez de las Escrituras, como palabra de Dios a la humanidad; la liturgia de la Iglesia les reserva un lugar de honor en cada una de sus celebraciones; muchos estudiosos, a la crítica más actualizada, unen también la fe más convencida en el valor trascendente de la palabra inspirada. Quizá la prueba más convincente es, sin embargo, la de la experiencia. El tema que, como hemos visto, llevó a la afirmación de la divinidad de Cristo en Nicea, en el año 325, y del Espíritu Santo en Constantinopla, en el año 381, se aplica plenamente también a la Escritura: en ella experimentamos la presencia del Espíritu Santo, Cristo nos habla todavía, su efecto sobre nosotros es distinto al de cualquier otra palabra; por tanto, no puede ser simple palabra humana.
1. Lo antiguo se hace nuevo
El objetivo de nuestra reflexión es ver cómo los Padres nos pueden ayudar a reencontrar esa virginidad de escucha, esa frescura y libertad al acercarnos a la Biblia que permiten experimentar la fuerza divina que se desprende de ella. El Padre y Doctor de la Iglesia que elegimos como guía, he dicho, es san Gregorio Magno, pero para poder comprender su importancia en este campo debemos remontarnos a las fuentes del río en el que él mismo se inserta y trazar su curso, al menos someramente, antes de llegar a él.
En la lectura de la Biblia, los Padres no hacen más que proseguir la línea iniciada por Jesús y por los apóstoles, y esto ya debería hacernos cautos en el juicio respecto de ellos. Un rechazo radical de la exégesis de los Padres significaría un rechazo de la exégesis de Jesús mismo y de los apóstoles. Jesús, a los discípulos de Emaús, les explica todo lo que en las Escrituras se refería a Él; afirma que las Escrituras hablan de él (Jn 5,39), que Abraham vio su día (Jn 8,56); muchos gestos y palabras de Jesús tienen lugar «para que se cumplan las Escrituras»; los primeros dos discípulos dicen de él: «Hemos encontrado a aquel del que escribieron Moisés y los profetas» (Jn 1,45).
Pero todo esto eran correspondencias parciales. No ha sucedido todavía la transmisión total. Esta se realiza en la cruz y está contenida en la palabra de Jesús moribundo: «Todo está consumado». También en el Antiguo testamento había habido novedades, reanudaciones, transposiciones; por ejemplo, el regreso de Babilonia era visto como una renovación del prodigio del éxodo. Eran re-interpretaciones parciales; ahora se realiza una re-interpretación global, un salto cualitativo: personajes, acontecimientos, instituciones, leyes, templo, sacrificios, sacerdocio, todo parece, de golpe, bajo otra luz. Como cuando en una habitación iluminada por la tenue luz de una vela, se enciende repentinamente una potente luz de neón. Cristo, que es «luz del mundo», es también luz de las Escrituras. Cuando se lee que Jesús resucitado «abre la mente de los discípulos a la comprensión de las Escrituras» (Lc 24,45), se quiere decir esta inteligencia nueva, realizada por el Espíritu Santo.
El cordero rompe los sellos, y el libro de la historia sagrada finalmente puede ser abierto y leído (cf. Ap 5). Todo permanece, pero nada es como antes. Es el instante que une —y al mismo tiempo distingue— los dos Testamentos y las dos Alianzas. «Clara y brillante, ¡esta es la gran página que separa los dos Testamentos! Todas las puertas se abren de una vez, todas las oposiciones se disipan, todas las contradicciones se resuelven» [1]. El ejemplo más claro para entender lo que sucede en este momento es la consagración de la Misa, y en efecto, esta no es más que el memorial de la otra. Nada aparentemente ha cambiado sobre el altar en el pan y en el vino y, sin embargo, sabemos que después de la consagración son algo muy distinto y los tratamos de manera muy distinta que antes.
Los apóstoles siguen esta lectura, aplicándola a la Iglesia, además de a la vida de Jesús. Todo lo que está escrito en el libro del Éxodo fue escrito para la Iglesia (1 Cor 10,1-11); la roca que seguía y saciaba la sed de los judíos en el desierto anunciaba a Cristo y el maná, al pan bajado del cielo; los profetas hablaron de él (1 Pe 1,10s.), lo que se dice del Siervo doliente en Isaías se ha realizado en Cristo, y así sucesivamente.
Pasando del Nuevo Testamento al tiempo de la Iglesia, advertimos dos usos distintos de esta nueva inteligencia de las Escrituras: uno de tipo apologético y uno de tipo teológico y espiritual; el primero, utilizado en el diálogo con los de fuera; el segundo, para la edificación de la comunidad. Con respecto a los judíos y a los herejes, con los que se tiene en común la Escritura, se componen los llamados testimonia, es decir, colecciones de frases o pasajes bíblicos que se deben aducir como prueba de la fe en Cristo. Sobre esto se basa, por ejemplo, el Diálogo con el judío Trifón, de san Justino, y muchos otros escritos.
El uso teológico y eclesial de la lectura espiritual empieza con Orígenes, considerado con justicia como el fundador de la exégesis cristiana. La riqueza y belleza de sus intuiciones, sobre el sentido espiritual de las Escrituras y sus aplicaciones prácticas, es inagotable. Crearán escuela tanto en Oriente como en Occidente, donde empieza a ser conocido en tiempos de Ambrosio. Junto con su riqueza y genialidad, la exégesis de Orígenes introduce también, sin embargo, en la tradición exegética de la Iglesia, un elemento negativo debido a su entusiasmo por el espiritualismo de cuño platónico. Tomemos la siguiente afirmación suya de método:
«No se debe creer que los hechos históricos son figuras de otros hechos históricos y las cosas corpóreas de otras cosas corpóreas, sino, más bien, que las cosas corpóreas son figuras de cosas espirituales y los hechos históricos de realidades inteligibles» [2].
De este modo, la correspondencia horizontal e histórica, propia del Nuevo Testamento, para la que un personaje, un hecho o una palabra del Antiguo Testamento es visto como profecía y figura (typos) de lo que se realiza en Cristo o en la iglesia, se sustituye con la perspectiva vertical, platónica, por la que un hecho histórico y visible, sea del Antiguo o del Nuevo Testamento, se convierte en símbolo de una idea universal y eterna. La relación entre profecía y realización tiende a cambiarse en la relación entre historia y espíritu [3].
2. Las Escrituras, piedras cuadrangulares
Mediante Ambrosio y otros que tradujeron sus obras al latín, el método y los contenidos de Orígenes entran a manos llenas en las venas de la cristiandad latina y seguirán discurriendo durante toda la Edad Media. ¿Cuál fue, entonces, en la explicación de la Escritura, la contribución de los latinos? Podemos encerrar la respuesta en una palabra que es la que mejor expresa su genio propio: ¡organización!
A la aportación de Orígenes se añade, es cierto, la aportación no menos creativa y audaz de otro genio, el de Agustín que enriquecerá de intuiciones y aplicaciones nuevas y atrevidas la lectura de la Biblia. Pero no se sitúa en esta línea la aportación más significativa de los Padres latinos, es decir, en el descubrimiento de significados nuevos y recónditos la palabra de Dios, sino en la sistematización del inmenso material exegético que se venía acumulando en la Iglesia, en el trazado de una especie de mapa para orientarse en su utilización.
Este esfuerzo organizativo —empezando con Agustín—, fue llevado a su forma definitiva por Gregorio Magno y consiste en la doctrina del cuádruple sentido de la Escritura. En este campo es considerado «uno de los principales iniciadores y de los máximos patrones de la doctrina medieval de los cuatro sentidos», hasta el punto de que se puede hablar de la Edad Media como de la «época gregoriana» [4].
La doctrina de los cuatro sentidos de la Escritura es una parrilla, un modo de organizar las explicaciones de un texto bíblico o de una realidad de la historia de la salvación, distinguiendo en ellos cuatro campos o niveles distintos de aplicación: 1. El nivel literal e histórico; 2. El nivel alegórico (hoy se prefiere llamarlo tipológico) referido a la fe en Cristo; 3. El nivel moral, es decir, en referencia al obrar del cristiano; 4. El nivel escatológico, que se refiere al cumplimiento final en el cielo. Escribe Gregorio:
«Las palabras de la Sagrada Escritura son piedras cuadrangulares [...]. En cada acontecimiento del pasado que cuentan [sentido literal], en cada cosa futura que anuncian [sentido anagógico], en cada deber moral que predican [sentido moral], en cada realidad espiritual que proclaman [sentido alegórico o cristológico], por cada lado se tienen en pie y son irreprochables» [5].
En la Edad Media fue compuesto un célebre dístico que resume esta doctrina: Littera gesta docet, quid credas allegoria. / Moralis, quid agas; quo tendas anagogia. «La letra te enseña lo ocurrido; lo que debes creer, la alegoría. / La moral, qué hacer; adónde tender, la anagogía». Quizá la aplicación más clara de este esquema se tiene a propósito de la Pascua. Según la letra o la historia, la Pascua es el rito que los judíos llevaron a cabo en Egipto; según la alegoría, en referencia a la fe, indica la inmolación de Cristo, verdadero cordero pascual; según la moral, indica el paso de los vicios a las virtudes, del pecado a la santidad; según la anagogía o la escatología, indica el paso de las cosas de aquí abajo a las de arriba, o también la Pascua eterna que se celebrará en el cielo.
No se trata de un esquema rígido y mecánico, sino dúctil y susceptible de infinitas variaciones, a partir del orden en que se enumeran los distintos sentidos. He aquí un texto de Gregorio en el que se ve la libertad con la que él mismo utiliza el esquema del cuádruple sentido y cómo con él sabe sacar armonías múltiples de la Escritura. Comentando la imagen de Ezequiel 2, 10, en el rollo «escrito dentro y fuera» («intus et foris», según la Vulgata), dice:
«El rollo de la palabra de Dios está escrito dentro, mediante la alegoría; fuera, mediante la historia. Dentro, mediante inteligencia espiritual; fuera, mediante el simple sentido literal, adaptado a los espíritus todavía débiles. Dentro, porque promete los bienes invisibles; fuera, porque establece el orden de las cosas visibles con la rectitud de sus preceptos. Dentro, porque otorga la seguridad de los bienes celestes; fuera, porque enseña cómo utilizar los bienes terrenos, o como sustraerse a su atractivo» [6].
3. Porque aún necesitamos a los Padres para leer la Biblia
¿Qué podemos considerar sobre este modo tan libre y audaz de situarse ante la palabra de Dios? Incluso un admirador de la exégesis patrística y medieval como el padre De Lubac admite que no podemos ni volver a ella, ni imitarla mecánicamente en nuestro tiempo [7]. Sería una operación artificial, condenada al fracaso porque nos faltan los presupuestos de los que partían, el universo espiritual en el que se movían.
Gregorio Magno y los Padres en general acertaban en el punto fundamental: que hay que leer las Escrituras en referencia a Cristo y a la Iglesia. Lo hacían ya, antes de ellos, como hemos visto, Jesús y los apóstoles. La parte obsoleta de su exégesis está en haber creído que podían aplicar este criterio a cada palabra de la Biblia, de manera muy a menudo fantasiosa, empujando el simbolismo (por ejemplo, el de los números) a excesos que hoy nos hacen sonreír a veces.
Podemos estar seguros, nota De Lubac, que si vivieran hoy, serían los más entusiastas en utilizar los recursos críticos puestos a disposición por el progreso de los estudios. Orígenes desarrolló un trabajo titánico en su tiempo, desde este punto de vista, al procurarse, y comparar entre sí y con el texto judío, las diversas traducciones griegas existentes de la Biblia (la Hexapla) y Agustín no dudaba en corregir algunas de sus explicaciones a la luz de la nueva versión de la Biblia que iba haciendo Jerónimo [8].
¿Qué sigue siendo válido de la herencia de los Padres en este campo? Quizá aquí, más que en otros lugares, tienen una palabra decisiva que decir a la Iglesia de hoy, y que debemos tratar de descubrir. ¿Qué caracteriza la lectura de la Biblia de los Padres, más allá de sus ingeniosas alegorías y atrevidas aplicaciones, más allá de la misma doctrina de los cuatro sentidos de la Escritura? Queda que es de arriba a abajo y en cada punto suyo una lectura de fe: partía de la fe y llevaba a la fe. Todas sus distinciones entre lectura histórica, alegórica, moral y escatológica se reducen hoy a una sola distinción: la que existe entre una lectura de fe de la Escritura y una lectura carente de fe, o al menos carente de una cierta cualidad de fe.
Dejemos aparte a los estudiosos de la Biblia no creyentes que he recordado al comienzo, para los cuales es sólo un libro interesante, pero sólo humano. La distinción que quisiera evidenciar es más sutil y pasa entre los mismos creyentes. Es la distinción entre una lectura personal y una lectura impersonal de la palabra de Dios. Y trato de explicar lo que quiero decir. Los Padres se acercaban a la palabra de Dios con una pregunta constante: ¿qué dice, ahora y aquí, a la Iglesia y a mí personalmente? Estaban convencidos de que —aparte de la realidad de los hechos que atestigua, las verdades de fe que propone a todos indistintamente para creer, los deberes que indica que hay que realizar y las cosas que hay que esperar (¡los famosos cuatro sentidos!)— siempre tiene nuevas luces que irradiar y nuevas tareas que mostrar personalmente a cada uno.
«Toda la Escritura, está escrito, está inspirada por Dios» (2 Tm 3,16). La expresión se traduce como «inspirada por Dios», o «divinamente inspirada», en la lengua original, es una palabra única, theopneustos, que contiene juntos los dos vocablos, Dios (Theos) y Espíritu (Pneuma). Dicha palabra tiene dos significados fundamentales. El significado más conocido es el pasivo, puesto de manifiesto en todas las traducciones modernas: la Escritura está «inspirada por Dios». Otro pasaje del Nuevo Testamento explica así este significado: «Movidos por el Espíritu Santo hablaron esos hombres (los profetas) de parte de Dios» (2 Pe 1,21). Es, en definitiva, la doctrina clásica de la inspiración divina de la Escritura, la que proclamamos como artículo de fe en el Credo, cuando decimos que el Espíritu Santo es quien «ha hablado por medio de los profetas».
Sobre la inspiración bíblica se subraya, normalmente, casi sólo un efecto: la inerrancia bíblica, es decir, el hecho de que la Biblia no contiene ningún error (si entendemos «error», correctamente, como ausencia de una verdad posible humanamente, en un determinado contexto cultural y, por tanto, exigible por parte de quien escribe). Pero la inspiración bíblica se basa en mucho más que la simple inerrancia de la palabra de Dios (que es algo negativo); se basa, positivamente, en la inagotabilidad, en su fuerza y vitalidad divina. La Escritura, decía san Ambrosio, es theopneustos no sólo porque está «inspirada por Dios», sino también porque es «inspirante de Dios», porque inspira Dios [9]. ¡Ahora inspira Dios!
«A qué se puede comparar la palabra de la Sagrada Escritura —escribe san Gregorio— si no a una piedra de pedernal, es decir, en la que está escondido el fuego? Es fría si se tiene sólo en la mano, pero golpeada por el hierro, desprende chispas y emite fuego» [10].
La Escritura no contiene sólo el pensamiento de Dios fijado una vez para siempre; contiene también el corazón de Dios y su viva voluntad que te indica lo que quiere de ti en un momento determinado, y quizás sólo de ti. La constitución conciliar Dei Verbum recoge también este filón de la tradición cuando dice que «las Sagradas Escrituras inspiradas por Dios [¡inspiración pasiva!»] y redactadas una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra de Dios mismo y hacen resonar en las palabras de los profetas y de los apóstoles la voz del Espíritu Santo [¡inspiración activa!»]» [11]. No se trata, pues, sólo de leer la palabra de Dios, sino también de hacerse leer por ella; no sólo de escrutar las Escrituras, sino dejarse escrutar por las Escrituras. Se trata de no acercarse a ellas como en un tiempo los bomberos entraban entre las llamas, es decir, con trajes de amianto encima que les hacían pasar indemnes a través de ellas.
Retomando la imagen de Santiago, muchos Padres, entre los cuales se encuentra nuestro Gregorio Magno, comparan la Escritura con un espejo [12]. ¿Qué decir de uno que pasara todo el tiempo examinando la forma y el material del que está hecho el espejo, la época a la que se remonta y muchos otros detalles, pero no se mirara nunca en el espejo? Así hace quien pasara el tiempo resolviendo todos los problemas críticos que plantea la Escritura, las fuentes, los géneros literarios, etc., pero no se mira nunca en el espejo, o mejor no permite nunca que el espejo le mire y escrute a fondo, hasta el punto donde se dividen las junturas de la médula. Lo más importante, sobre la Escritura, no es resolver sus puntos oscuros, sino ¡poner en práctica los claros! Ella, dice también nuestro Gregorio, «se entiende haciéndola» [13].
Una fe fuerte en la palabra de Dios no es sólo indispensable para la vida espiritual del cristiano, sino también para cualquier forma de evangelización. Hay dos maneras de preparar una predicación o un anuncio cualquiera de fe, oral o escrito. Yo puedo antes sentarme a la mesa y elegir yo mismo la palabra a anunciar y el tema a desarrollar, basándome en mis conocimientos, mis preferencias, etc., y luego, una vez preparado el discurso, ponerme de rodillas para pedir apresuradamente a Dios que bendiga lo que he escrito y dé eficacia a mis palabras. Es ya algo bueno, pero no es la vía profética. Hay que seguir el orden inverso: primero de rodillas, luego a la mesa.
Hay que partir de la certeza de fe de que, en cualquier circunstancia, el Señor resucitado tiene en el corazón una palabra suya que desea hacer llegar a su pueblo. Y él no deja de revelarla a su ministro, si humildemente y con insistencia se la pide. Al principio se trata de un movimiento casi imperceptible del corazón: una pequeña luz que se enciende en la mente, una palabra de la Biblia que empieza a atraer la atención y que ilumina una situación. Realmente «la más pequeña de todas las semillas», pero a continuación te das cuenta de que dentro estaba todo; había un trueno que hace pedazos los cedros del Líbano. Después te pones a la mesa, abres tus libros, consultas tus notas, consultas a los Padres de la Iglesia, a los maestros, a los poetas… Pero ya es algo muy distinto. Ya no es la Palabra de Dios al servicio de tu cultura, sino tu cultura al servicio de la Palabra de Dios.
Orígenes describe bien el proceso que lleva a este descubrimiento. Antes de encontrar en la Escritura el alimento —decía— es necesario soportar una cierta «pobreza de los sentidos; el alma está rodeada de oscuridad por todos lados, se topa con caminos sin salida. Hasta que, de repente, tras laboriosa búsqueda y oración, he aquí que resuena la voz del Verbo y enseguida algo se ilumina; a quien la buscaba le sale al encuentro «saltando sobre las montañas y brincando sobre las colinas» (cf. Cant 2,8), es decir abriéndole la mente para recibir una palabra suya fuerte y luminosa [14]. Grande es la alegría que acompaña a este momento. Hacía decir a Jeremías: «Cuando tus palabras me vinieron al encuentro, las devoré con avidez; tu palabra fue la alegría y el entusiasmo de mi corazón» (Jer 15, 16).
Normalmente, la respuesta de Dios llega en forma de una palabra de la Escritura que, sin embargo, en ese momento revela su extraordinaria pertinencia a la situación y al problema que se debe tratar, como si hubiera sido escrita especialmente para ella. Actuando así, él habla, de hecho, «como con palabras de Dios». Este método vale siempre: para los grandes documentos, para las lecciones que tendrá el maestro con sus novicios, para la docta conferencia, para la humilde homilía dominical.
Todos nosotros hemos experimentado lo que puede hacer una sola palabra de Dios profundamente creída y vivida primero por quien la pronuncia y a veces incluso sin saberlo; a menudo se debe constatar que, entre muchas otras palabras, fue la que tocó el corazón y condujo a más de un oyente al confesionario. La experiencia humana, las imágenes, las historias vividas, nada de todo esto está excluido de la predicación evangélica, pero debe estar sometido a la palabra de Dios que debe descollar sobre todo. Nos lo ha recordado el Santo Padre en las páginas dedicadas a la homilía en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, y es casi presuntuoso por mi parte pensar que puedo añadir algo.
Quiero terminar esta meditación con un pensamiento de gratitud a los hermanos judíos, también como augurio para la próxima visita del Santo Padre a Israel. Si nos separa de ellos la interpretación que damos de las Escrituras, nos une el común amor hacia ellas. En el museo de Tel Aviv hay una pintura de Reuben Rubin en la que se ven rabinos que estrechan, unos al pecho y otros a la mejilla, los rollos de la palabra de Dios, y los besan como se besa a la propia esposa. Con los hermanos judíos es posible algo parecido a lo que es el ecumenismo espiritual entre cristianos, es decir, un poner juntos, en un clima de diálogo y de estima mutua, lo que nos une, sin ignorar o esconder lo que nos separa. No podemos olvidar que de ellos hemos recibido las dos cosas más valiosas que tenemos en la vida: Jesús y las Escrituras.
También este año, la Pascua judía cae en la misma semana que la cristiana. Nos deseamos y les deseamos Feliz Pascua, Santo y feliz Pesach.


© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco
NOTAS
[1] Paul Claudel, L’épée et le miroir: Les sept douleurs de la Sainte Vierge , Paris: Gallimard, 1939), 74-75.
[2] ORÍGENES, Comentario a Juan, 10, 110: GCS, Orígenes vol. 4, p. 189).
[3] Cf. H. DE LUBAC, Histoire et Esprit. L’intelligence de l’Ecriture d’après Origène (Aubier, Paris 1950) [trad. it. Storia y Spirito. La comprensione della Scritura secondo Origene (Edicioni Paoline, Roma 1971)].
[4] H. DE LUBAC, Exegèse Mèdiévale. Les quatre sens de l’Ecriture (Aubier, París 1959) vol. I,1, p. 189; vol. I,2, p. 537.
[5] GREGORIO MAGNO, Homilías sobre Ezequiel, II, IX, 8.
[6] GREGORIO MAGNO, Homilías sobre Ezequiel, I, IX, 30.
[7] H. DE LUBAC, Storia e spirito, 629ss.
[8] Lo hace por ejemplo a propósito del significado de la palabra «pascua», en Enarrationes in Psalmos 120,6: CCL 40,1791.
[9] AMBROSIO, De Spiritu Sancto, III, 112.
[10] GREGORIO MAGNO, Homilías sobre Ezequiel, II,10,1.
[11] Dei Verbum, n. 21.
[12] GREGORIO MAGNO, Moralia, I, 2, 1: PL 75,553D.
[13] Ib., I, 10,31.
[14] Cf. ORÍGENES, In Mt Ser., 38: GCS (1933) 7; In Cant., 3: GCS (1925) 202.

Fuente: religionenlibertad.com